¡Nunca sin mi peluche! ¿Cuál es la función del peluche para un bebé?

Una camiseta vieja, un peluche desgastado, un pañuelo. ¿Qué es este objeto? ¡Es mi peluche! ¡Un objeto transicional, como dicen los psiquiatras! Pero, ¿por qué los niños sienten la necesidad de tener un objeto? ¿Para qué sirve su mantita inseparable? ¿Por qué es tan importante para los niños? Desvelamos todos los misterios de este extraño objeto que sigue a los niños a todas partes durante sus primeros años.

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¿Para qué sirven los peluches infantiles?

No hay nada mejor que un peluche para tranquilizar y calmar sus miedos cuando tiene que separarse de mamá o cuando está en contacto con extraños. Para los psicólogos, un peluche es un objeto de transición porque permite al bebé establecer el vínculo entre el mundo que conoce y el que no. A medida que crece, el bebé adquiere autonomía, pero su proceso de aprendizaje no está exento de aprensión; su peluche le proporciona un entorno seguro.

Les ayuda a conciliar el sueño, les tranquiliza en caso de pesadilla y en muchas otras situaciones estresantes, como una visita al médico. Pueden contar con su peluche cuando sus padres les dejan en la niñera o en la guardería, o cuando visitan a sus abuelos. El peluche es el objeto favorito que les sigue a todas partes y les da estabilidad emocional.

¿Cuántos años son demasiados para un peluche?

Alrededor de los 8 meses, los bebés empiezan a encariñarse con sus peluches. Es el momento en que los bebés se dan cuenta de que son personas por derecho propio, separadas de su madre. Se dan cuenta de que ella no está siempre con ellos ni siempre disponible. El peluche es una especie de sustituto que les ayuda a sobrellevar su ausencia, y se encariñan tanto con él que no quieren estar nunca sin él. Esta gran historia de amor se prolongará durante varios años, para la mayoría de los niños hasta los 6 ó 7 años. Esta es la edad de la razón, cuando el estrecho mundo del niño se amplía para incluir nuevos intereses, y cuando empiezan a tener sus primeros amiguitos. En este momento, se separan de forma natural de sus peluches para abrirse a estas nuevas experiencias.

¿Qué debe hacer si su hijo no puede separarse de su peluche?

A veces los niños están tan apegados a sus peluches que se niegan a separarse de ellos. No obligues a tu hijo a renunciar a su peluche; lo hará cuando esté preparado. Puedes ayudarle un poco abriéndole al mundo: anímale a hacer amigos, a practicar un deporte o una actividad creativa, a descubrir su pasión por los animales, las estrellas, etc. Si, a pesar de todo, sigue apegado a su peluche, no te preocupes: algunos niños pequeños conservan su objeto preferido durante muchos años mientras se desarrollan con total normalidad. Y no sólo los niños tienen un peluche. Algunos adultos también tienen un objeto que les acompaña y tranquiliza.

¿Todos los niños tienen un peluche?

Algunos niños tienen un peluche, otros no. Nadie ha podido observar diferencias en el desarrollo de estos niños. Algunos niños pequeños no parecen necesitarlo, o utilizan una manta psicológica. Piensan en algo que les hace sentir bien, que les conecta con su mundo, recuerdan un cuento bonito que les tranquiliza… Estos peluches psicológicos producen los mismos efectos que un peluche “de verdad”. Hay que confiar en los niños: cada uno tiene sus métodos personales para moverse sin miedo por el vasto mundo.

¿Debo lavar el peluche de mi hijo?

Es una pregunta crucial. Como el olor de un peluche es tan importante, lo mejor es lavarlo lo menos posible… No siempre es fácil seguir este consejo. Siempre llega un momento en que la higiene prevalece sobre la necesidad de preservar el “buen” olor del peluche. Sobre todo, no lo laves a escondidas, esperando que tu hijo no se dé cuenta. Se dará cuenta. No encontrará ese olor mágico que tanto le gusta. En lugar de eso, intenta negociar con él. Antes de lavar su peluche, explícale por qué tienes que hacerlo y hazle partícipe. Por ejemplo, pidiéndole que meta él mismo su objeto favorito en la lavadora.

¿Es la pérdida de un peluche una tragedia existencial?

Perder algo tan íntimo como un peluche no es algo que se pueda dar por sentado. Es estresante tanto para ti como para tu hijo. No le culpes por haber perdido el objeto; ya tiene suficiente dolor, no hay por qué añadirle más. La prioridad, por supuesto, es encontrar el peluche. Pero eso no siempre es posible. No le prometas a tu hijo que lo encontrarás, simplemente porque puede que se haya perdido para siempre. No intente sustituirlo discretamente por otro, ya que su hijo pequeño se dará cuenta y puede verlo como una forma de traición.

Prepara a tu hijo para la posibilidad de que su peluche se pierda para siempre. Si tu hijo está inconsolable, tómate en serio su dolor. Sé comprensivo y dile que lo entiendes, pero que tarde o temprano habría tenido que desprenderse de su peluche. Puede recordarle una experiencia similar, ya sea de la hermana o el hermano de su hijo, o de usted mismo. Si, a pesar de tus esfuerzos, tu hijo sigue inconsolable, puedes sugerirle que elija otro peluche.

Y tú, ¿qué peluche ha elegido tu hijo para acompañarle? ¡Cuéntanoslo!

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